Machismo: Impunidad y violencia contra las mujeres

Tema del Domingo/Femicidios.
La convocatoria a marchar el miércoles para decir “basta” a los femicidios marca un cambio social que obliga a poner el tema en agenda y a aplicar una ley de hace 6 años y que está sin reglamentar. Cómo se destierra una cultura que mata.

www.clarin.com - 31/05/15

Sobre cada mujer, chica, niña que aparece asesinada hay un marco cultural que fabrica impunidad y riesgo, que las describe con prejuicios, las sospecha por el simple hecho de ser mujer y permite que sus cuerpos sean desechados como basura. La convocatoria del miércoles ante el Congreso, y en distintos puntos de Argentina, para pedir “Ni una menos” se ha masificado y parece decir que el límite ha llegado.

Las cifras no son oficiales. Son el trabajo que la Asociación Civil La Casa del Encuentro ha recolectado trabajosamente desde el 2008 y que dicen que, en 2014, fueron 277 las mujeres asesinadas por hombres que las consideraron su propiedad. Fue una cada 31 horas. No tener estadísticas oficiales no sólo sirve para ocultar sino también para negar un hecho social. “Empezar a sistematizar los datos, a partir de los casos que se publicaban en los medios, significó sacarlos del ámbito privado o del titular policial como “crimen pasional” para ponerlo en contexto. Así se empezó a hablar de femicidio. Fue una forma de denunciar que estos no son hechos aislados o de la vida privada sino que es problema social”, explica Fabiana Túnez, de La Casa del Encuentro.

Los últimos casos –dos mujeres asesinadas (una en un bar y otra en la calle en Puerto Madero); el de Chiara, la adolescente que apareció enterrada en el patio de la casa de su novio– “evidentemente están afectando a toda la sociedad tanto para que mujeres y varones digan ‘basta’”, dice Túñez.

“En este caso, este espanto social es útil. Que la sociedad se escandalice, sirve. No fue así cuando se discutía en el Congreso las leyes contra el femicidio y la violencia contra la mujer. Esta ha sido tolerable por mucho tiempo en la sociedad argentina y ahora ha cambiado. Es un cambio cultural y fruto de años de lucha de las organizaciones de mujeres”, dice Diana Maffía, doctora en Filosofía y Directora del Observatorio de Género en la Justicia del Consejo de la Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires.

La indignación en las últimas semanas sumó a la clase política, pero el Estado es aún indiferente. Hace seis años se sancionó la ley para eliminar y prevenir la violencia contra la mujer -Número 26.485-, pero aún no está reglamentada y su efectividad es nula sin presupuesto ni puesta en marcha de los programas que deberían implementarse. En el petitorio para la convocatoria del miércoles este es el principal punto (Ver “#Niunamenos..”).

“El Estado está ausente”, agrega Maffía. “Lo que pasó en Monte Hermoso -con el asesinato de Katherine- fue una pueblada por sentir que el Estado no protege de esta clase de muertes. Se estigmatiza a las mujeres en la prensa, “le gusta ir a bailar sola”, dicen. ¿Qué clase de dato es frente a una chica muerta? ¿Quiere decir que se lo buscó o se puso en una situación de riesgo? El Estado nos debería dar garantía de seguridad, y estas garantías son distintas entre varones y mujeres: ni ir a bailar o andar por la calle debería implicar un riesgo para una chica”, agrega Maffía. “Es evidente que la responsabilidad por parte del Estado no se cumple”, suma Túnez. “La violencia de género está basada en una cultura machista que lamentablemente todavía cosifica y objetiviza la existencia y los cuerpos de las mujeres. A partir de ahí, consideramos indispensables modificar currículas educativas desde el nivel inicial hasta la universidad para educar a mujeres y varones en igualdad, en equidad y libre de toda forma de violencia. Esto es algo que hay que comenzar ya”, dice. La ley 26.485 tiene un artículo que plantea la creación de un plan nacional para la erradicación de la violencia, que ayudaría a dar un marco para que cada provincia lo aplique en sus escuelas. Pero ese inciso no está reglamentado. A pesar de que numerosos ministerios de educación y salud provinciales han adherido a la convocatoria del miércoles, no han anunciado medidas para avanzar en este tema clave.

El concepto de mujer-propiedad -también cultural- subyace ante cada crimen. “La idea de que ‘si no es mía, no es de nadie’ es muy fuerte. La autonomía de las mujeres en los hechos choca con restricciones culturales que no son simplemente porque los hombres no las conocen si no que también permiten que la ley no se aplique y hasta que los mismos jueces las reflejen en sus fallos”, insiste Maffía.

El acceso a la justicia por parte de las víctimas de violencia de género de cualquier tipo es otro de los problemas prácticos que podrían evitar que los femicidios lleguen a concretarse y que tienen una raíz cultural. Marcela Rodríguez es abogada, ex diputada nacional y fue una de las autoras de la ley. Junto a la socióloga Silvia Chejter analizaron más de 140 sentencias judiciales para publicar “Homicidios conyugales y de otras parejas. La decisión judicial y el sexismo” (Ed. del Puerto). Entre las conclusiones se destaca que en la mayoría de las sentencias aparece la justificación solapada de la violencia. “En muchos casos, los jueces usaban circunstancias de atenuación para bajar la pena”, explica Rodríguez, quien también señala que para la ejecución concreta de políticas públicas para prevenir estos hechos “es imprescindible contar con un presupuesto adecuado” y lanzar iniciativas de varias índoles que apunten a la capacitación de funcionarios y campañas de prevención.

El sistema judicial no da respuesta, señala también Túñez y Maffía reafirma: “De los casos registrados por la Casa del Encuentro muy pocos tienen sentencia judicial. Hay un marco ideológico que fabrica riesgo e impunidad”. Entre las ideas a desterrar, los especialistas marcan mitos que la cultura machista dan por ciertos. “La mayor violencia tiene que ver con una mala interpretación de los avances de las mujeres, como si fueran un retroceso o se hiciera a expensas de espacio de libertades de los varones. Es una visión misógina: cuando una mujer avanza, ningún varón retrocede”, explica Maffía.

Hugo Huberman (Ver “Un hombre...”) –que coordina la campaña Lazo Blanco, un grupo de organizaciones unidas para dar fin a la violencia hacia las mujeres– señala como efectivos los programas en las divisiones inferiores de fútbol o entre la policía y el poder judicial para poner un freno a la cultura que mata. Porque finalmente, lo más grave -señala Túñez- es que de “la violencia se puede salir y que los femicidios se pueden evitar. Por eso, ‘Ni una menos’”.

#Niunamenos

El próximo miércoles a las 17 frente al Congreso se realizará una concentración para decir “basta” a los femicidios. El acto consistirá en la lectura de un documento con los siguientes puntos:

*Implementar con todos los recursos necesarios y monitorear el Plan Nacional de Acción para la Prevención, la Asistencia y la Erradicación de la violencia contra las mujeres, como establece la ley 26.485.

*Garantizar que las víctimas puedan acceder a la Justicia. En cada fiscalía y comisaría debe haber personal capacitado. Las causas de los fueros civil y penal deben unificarse; las víctimas deben tener acceso a patrocinio jurídico gratuito.

*Elaborar el Registro Unico de víctimas de la violencia contra las mujeres. Realizar estadísticas oficiales y actualizadas sobre femicidio.

*Garantizar y profundizar la Educación Sexual Integral en todos los niveles educativos, para formar en la igualdad y para una vida libre de discriminación y violencia machista.

*Garantizar la protección de las víctimas. Implementar el monitoreo electrónico de los victimarios.

Silvina Heguy
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