Continuidad o cambio

El martes pasado Daniel Scioli anunció que le había ofrecido la precandidatura a vicepresidente de la Nación a Carlos Zannini, el Secretario Legal y Técnico de la presidencia.

Nadie pudo creer que tal haya sido la escena. En todo caso, Zannini le notificó a Scioli que la jefa suprema había decidido que lo acompañara en la fórmula. Horas más tarde, Florencio Randazzo renunció a su precandidatura y rechazó ser precandidato a gobernador, posición que le había ofrecido Cristina Kirchner.

La postura de Randazzo es, dentro del universo del kirchnerismo, infrecuente. Nadie le dice que no a la presidente. Más aún, según se dice, Carlos Zannini se encarga de prevenir a quienes la visitan: “A la presidenta no se le discute; se la escucha”. Por eso, cabe resaltar el gesto del ministro de Interior y Transporte de preservar una zona de autonomía, sin que esto implique convalidar su actuación anterior, como el empleo de cuantiosos recursos públicos para su propaganda personal.

Al designar a Zannini en la fórmula de Scioli y disponer el retiro de la precandidatura de Randazzo, la señora de Kirchner toma nota de la realidad: su ministro no tenía chances reales de ganarle al incombustible gobernador de la provincia de Buenos Aires. Resignada a apoyar a quien ha dado sobradas muestras de no querer, quiso rodearlo de una persona de su máxima confianza, aquella que ha sido, desde la intendencia de Río Gallegos de su marido, quien instrumentó jurídicamente las decisiones del matrimonio Kirchner.

Scioli no puso reparos. No los puso nunca. Acepta también que las listas de diputados nacionales sean confeccionadas en la Casa Rosada. Entrega todo con tal de cumplir su sueño: vestir la banda presidencial.

Mucha gente tomó con alarma el avance de Zannini. El temor se acrecentó en el “círculo rojo” y los mercados. Pero la oposición debería, en verdad, celebrar ese nombramiento. Queda más explícita ahora, como bien lo señalaron Mauricio Macri, Ernesto Sanz y Elisa Carrió, la disyuntiva de octubre: profundización del autoritarismo populista o democracia republicana.

Scioli sigue diciendo “en off” que él representa otra cosa, que es serio, dialoguista, tolerante. Pero no ha dado muestras nunca de tener el carácter ni el liderazgo como para llevar adelante criterios propios. Fue un manso soldado de Menem, de Rodríguez Saá, de Duhalde y de los Kirchner. No podría dar un giro copernicano si llegara a la presidencia, porque no tendría el respaldo de su partido y muy difícilmente quisiera dar la dura lucha.

Por eso, es una buena noticia que sea Zannini su compañero de fórmula. El Scioli “bueno” ya no engañará a tantos. La divisoria de aguas es nítida: continuidad o cambio. Pongamos nuestra mayor energía en explicar qué se juega en la Argentina y porqué es imperioso cambiar.

Viernes 19 de junio de 2015

Dr. Jorge R. Enríquez
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