Hora de la verdad

Por Jorge R. Enríquez

Los argentinos asistimos con estupor y con desazón a una crisis institucional cuya salida no se avizora. No se trata, como en el pasado, de la existencia de golpes ni de planteos militares. Desde el punto de vista formal, la democracia no corre riesgos. Sin embargo, un constante vaciamiento de los principios republicanos y del Estado de Derecho carcome esa democracia. El fiscal que hace años investiga el atentado más trágico contra nuestro país interrumpe abruptamente sus vacaciones, regresa al país y denuncia a la presidenta de la Nación y a otros funcionarios por el intento de obstaculizar la búsqueda de la verdad; horas antes de que expusiera su acusación ante una comisión de la Cámara de Diputados, es hallado muerto en su departamento, de un tiro en la sien. Ésa es la noticia que recorre el mundo, con una potencia que se impone a cualquier explicación. No es un hecho aislado. No se puede acusar a nadie en particular, sin pruebas, de haber provocado la muerte del doctor Nisman. Pero esa muerte ocurre en un contexto enviciado, en el que el Poder Ejecutivo procura de todas las formas posibles terminar con los últimos vestigios de independencia judicial y en el que se ha desatado un conflicto interno en los servicios de inteligencia, utilizados por el kirchnerismo -que ahora simula espantarse por ellos- como medios de espionaje interno de adversarios y, también, de su propia tropa.

Ni hace falta detenerse en las burdas contradicciones y cambios repentinos del relato oficial, porque sería darle entidad a la mentira más canallesca. Lo que importa es cómo reconstruimos nuestro país. Tarde y mal, acaso hayamos aprendido el sinsentido de vivir al margen de la ley, como nos alertó hace más de veinte años el lúcido Carlos Nino. ¿Habremos tocado fondo o hay más terreno para descender? Es hora de hablar con la verdad y de actuar con grandeza. Todos los que tenemos responsabilidades públicas debemos estar a la altura del desafío. Abriguemos la esperanza de que este episodio trágico y siniestro haya servido, por lo menos, para que aprendamos esa lección.

Carta de lectores publicada en el Diario La Nación 28 de Enero de 2105

Dr. Jorge R. Enríquez
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