Solo la verdad salvará a la República

Por Jorge R. Enríquez

Un fiscal que denunció a la presidente de la Argentina por promover la impunidad de quienes están sospechados de cometer el mayor atentado que sufrió su país apareció muerto de un tiro en su casa pocos días después de hacer esa denuncia y horas antes a la presentación que haría en el Congreso Nacional sobre ese tema.

Este es el marco de lo sucedido, el que moldea la información que los principales diarios del mundo dan sobre el acontecimiento en estas horas. Y esa imagen es  ilevantable. Por más pruebas y pericias que aseguraran que se trató de un simple suicidio, como el que puede cometer cualquier persona que pasa por una crisis depresiva, sólo un ingenuo podría creerlo.

La sociedad no confía. La sospecha es generalizada. El descreimiento es la regla. Y tal es la peor herencia del kirchnerismo.

La reacción del gobierno fue la esperable. Hizo todo mal. Dio por seguro el suicidio desde la mañana, antes de que se realizaran las primeras investigaciones. Más tarde, al advertir la reacción social ante esa maniobra, viró en el aire: se trataría de un suicidio inducido por mafias y oscuras corporaciones. O, directamente, por el Señor Héctor Magnetto, que las controla a todas.

¿Qué hacía el Secretario de Seguridad en la escena de la muerte mucho tiempo antes horas antes de que llegara la fiscal de la causa, cuando el propio Poder Ejecutivo había sido denunciado por el fiscal muerto?

La respuesta de la presidente llegó por la noche, con una insólita carta publicada en su cuenta de Facebook, en la que, como es habitual, el objeto de su texto no era Alberto Nisman sino ella misma. Un turista desprevenido, luego de leerla, le habría dado sus condolencias a la familia Kirchner.

Hay que reclamar, por supuesto, el esclarecimiento del hecho, pero es muy alta la probabilidad de que no se lo esclarezca nunca. El gobierno ha jugado con fuego, ha minado la independencia e idoneidad de la justicia, ha usado los servicios de inteligencia para espiar adversarios políticos y armarles operaciones, ha dividido luego a esos mismos servicios y ahora paga todos esos costos.

Todas las respuestas del kirchnerismo en los días previos se dirigieron a atacar a la persona del fiscal Nisman; ninguna, a contradecir las pruebas que éste había presentado. ¿Son falsas las escuchas? ¿No es cierta la participación de Luis D`Elía,  Andrés “Cuervo” Larroque y el “Comandante” Fernando Esteche en una insólita diplomacia paralela? ¿Qué propósitos, nunca aclarados, tuvo el absurdo acuerdo con Irán? ¿Por qué se ataca ahora a un alto funcionario de la Secretario de Inteligencia, siendo que el poder que tenía hasta hace pocas semanas se lo habían dado Néstor y Cristina Kirchner?

Esas preguntas y muchas otras se le iban a formular al fiscal en la Cámara de Diputados. Los legisladores kirchneristas, en cambio, poco preocupados por la verdad, habían anticipado que irían “con los tapones de punta”. En esa enorme grieta social y política, la verdad tiene poco espacio para manifestarse.

En las  últimas horas, la parábola de explicaciones oficiales se ha cerrado (por ahora): ya no es un suicidio, ni un suicidio inducido, sino lisa y llanamente un homicidio. Por supuesto, Nisman es solo un medio; la bala iba dirigida, en verdad, a Cristina Kirchner. Al fiscal lo trajeron para que hiciera esa alocada denuncia. Para eso les servía vivo; luego, lo necesitaban muerto.

Este disparate es gravísimo. Surge de los textos escritos por la presidente, que agregan comentarios de una Sherlock Holmes de café. La ciudadanía asiste atónita y descreída a este vodevil, que sería hilarante si no fuera patético. Mientras, los esforzados voceros del oficialismo, como el inefable Víctor Hugo Morales, recitan libretos que ya están desactualizados.

La velocidad de los cambios del relato que surge de Olivos es tan grande que los atribulados comunicadores del aparato de propaganda oficial hablan con vacilaciones, sin saber si lo que dicen responde a la versión autorizada en ese momento.

Ahora hay que proteger las pruebas de Nisman y garantizar que su equipo de investigación pueda proseguir su trabajo. Es nuestro deber, aún contra toda esperanza, como argentinos, que se sepa la VERDAD, porque ella y solo ella nos permitirá recuperar la REPUBLICA.

Viernes 23 de enero de 2015

Dr. Jorge R. Enríquez
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